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En España siempre ha sido considerada una uva de segunda clase, se utilizó masivamente para dar color a otros vinos elaborados con otras uvas, actualmente estamos ante un renacer de esta variedad.
Nuestro menosprecio por la sabrosa y aromática garnacha nace de una incomprensión de sus virtudes y limitaciones. Su calidad cae en picado en cuanto el rendimiento de las vides sube demasiado, de ahí la decisiva importancia de la viñas viejas. Tiene tendencia oxidativa: no se puede fermentar malamente en un gran depósito de cementeo, a cerca de 40 grados de temperatura ambiente, como en tantas cooperativas nuestras. Y no es una uva con mucho color ni con gran estructura tánica que le permita envejecer: salvo de viñas excepcionales, no da vinos varietales capaces de mejorar largos años.
La Garnacha de viñedo viejo con suelos pobres y un clima marginal puede producir unos vinos de gran estrucutra, cuerpo e importante complejidad.
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